Rol del docente en la era digital
Nos encontramos inmersos en una Era Digital, esto es, una sociedad
teologizada, donde los hábitos y estilos de vida se han visto transformados
por el desarrollo constante e imparable de las tecnologías digitales e
Internet. Las herramientas tecnológicas y el espacio virtual han suscitado
nuevas formas de comunicarnos, de trabajar, de informarnos, de divertirnos y,
en general, de participar y vivir en una sociedad. El ámbito educativo, en
consecuencia, el rol del docente, que constituye el foco de reflexión de este
artículo, no ha podido resistirse a su influencia. La adecuación tanto del
contenido como de las metodologías de enseñanza se ha convertido en un reto
necesario, e incluso urgente, en un contexto social en cambio constante, en el
que los jóvenes, rodeados de pantallas desde su nacimiento, han adquirido unos
rasgos diferenciados a los de cualquier generación anterior.
La generación de jóvenes nativos interactivos se desenvuelve hoy ya en un escenario tecnológico e inestable. Sin embargo, no basta con manejar la tecnología, sino que ser competente digital es imprescindible. De ahí que se precisen alternativas a sus necesidades formativas y de desarrollo personal, ya que cada vez se hace más evidente la falta de soluciones eficaces a sus demandas. En definitiva, estamos hablando de la necesidad de repensar el proceso educativo, buscando su adecuación óptima a los nuevos tiempos y contextos que se dan en los centros educativos. Ámbitos educativos formales y espacios clave en el desarrollo personal y social, no solo de los jóvenes, sino del futuro que queremos.
Los jóvenes se definen como autodidactas respecto al uso de Internet. Ahora
bien, ¿cómo debemos interpretar esta autodefinición de los jóvenes? ¿Significa
acaso que el profesorado ha quedado en un segundo plano en lo que respecta a la
transmisión del conocimiento en la Era Digital? ¿Están respondiendo los
docentes a las necesidades de un alumnado que es ya nativo digital? ¿Las
metodologías de enseñanza que emplean son las más adecuadas? En definitiva:
¿debe redefinirse el papel del docente en el aula?
Este artículo se centra en analizar el papel del profesorado en el actual
contexto digital. En primer lugar, se describe la manera en que la Era Digital
ha influido en la enseñanza-aprendizaje. A continuación, se reflexiona sobre el
significado de ser competente digital en la sociedad red; por último, se
definen las principales características que deben de adoptar los y las docentes
ante este cambio de contexto al que se enfrentan.
Enseñar y aprender en la Era Digital
El desarrollo imparable de tecnologías digitales y la democratización en el
uso de Internet han sido uno de los cambios que más han transformado el
contexto del proceso educativo. Hasta hace bien poco, parecía que la escuela y
el profesorado podían erigirse en los únicos guardianes del conocimiento; pero
ahora se les multiplican los competidores. Las TIC han provocado nuevos
alfabetismos que potencian habilidades y competencias propias del siglo XXI,
las cuales se ejercitan principalmente en las prácticas digitales que los
jóvenes llevan a cabo en contextos de aprendizaje informal en su mayoría en
espacios y tiempos de ocio.
Aparece aquí la ya clásica triple distinción terminológica que
establecieron en 1968 Coombs, Prosser y Ahmed, al discernir entre educación
formal, no formal e informal. El aprendizaje formal es el que tiene lugar en
entornos organizados y estructurados, como por ejemplo un centro educativo y
formativo. El aprendizaje no formal o educación extraescolar se describe como
el aprendizaje derivado de actividades planificadas, pero no designadas
explícitamente como programa de formación. En tercer lugar, el aprendizaje
informal es el resultante de actividades cotidianas relacionadas con el
trabajo, la vida familiar o el ocio; un tipo de aprendizaje que no se encuentra
organizado ni estructurado en cuanto a sus objetivos, duración o recursos
formativos (CEDEFOP, 2008).
Sin ánimo de valorar la vigencia de esta triple distinción en su conjunto,
no cabe negar la importancia del contexto espacio-temporal en su definición. Un
contexto que se ha visto peculiarmente alterado en la Era Digital, dos de cuyas
marcas identificativas son la ubicuidad y la atemporalidad del ciberespacio
(Castells, 2001). De este modo, y teniendo en cuenta que vivimos en una
sociedad digital caracterizada por el cambio constante, la complejidad, el caos
y la ubicuidad, consideramos que las características del aprendizaje informal
son las que mejor se adecuan al tipo de aprendizaje que en la actualidad se
demanda. Un tipo de aprendizaje que, por otro lado, se reconoce más bien poco
desde el ámbito formal. De hecho, y a pesar de que paulatinamente se toman en
consideración otro tipo de competencias, como veremos a continuación, es muy
común no valorar los conocimientos que una persona tiene hasta que estos se
acompañan de una referencia o certificación de un ente académico.
La realidad nos muestra que las tecnologías digitales han influido en la
manera de aprender y, en consecuencia, en la manera de enseñar propia del
colectivo docente. Tomando como referencia la Teoría del Conectivismo,
elaborada por el teórico de la enseñanza en la sociedad digital George Siemens
(2006), definiremos el concepto de aprendizaje propio de una sociedad de red de
redes.
El conectivismo es la teoría del aprendizaje propia de la Era Digital, que
analiza la manera en que aprendemos en una sociedad digital que se articula en
red. Se fundamenta, tal y como su propio nombre indica, en la conectividad,
esto es, en la creación de conexiones. Según el autor, el conectivismo es la
integración de principios explorados por las teorías del caos, las redes, la
complejidad y la autoorganización (Siemens, 2004). De ahí que se presente como
un modelo que refleja una sociedad en la que el aprendizaje ya no es una
actividad individual, sino un continuo proceso de construcción de redes.
Aprender es el equivalente a abrir una puerta a una nueva forma de percibir y
conocer, donde nuestra mente debe adaptarse al entorno.
En este sentido, el aprendizaje de la Era Digital se puede definir como un
aprendizaje diverso, desordenado y lejos del tradicional conocimiento perfectamente
empaquetado y organizado. El conocimiento en red se basa en la cocreación, lo
que implica un cambio de mentalidad y actitud. Pasar de ser meros consumidores
de los contenidos elaborados por otras personas a ser los expertos y
aficionados los propios cocreadores del conocimiento.
Por esta razón, el aprendizaje en la Era Digital se ha tornado
especialmente complejo, ya que, al tratarse de un proceso multifacético e
integrado, un cambio en cualquier elemento individual conlleva la alteración de
la red global. De la misma manera, esta complejidad y diversidad en la red da
lugar a nodos conectados y especializados, lo que nos supone tener un
conocimiento parcial de la realidad y vivir en una continua certeza en
suspenso. El aprendizaje en red es continuo, y no se trata por tanto de una
actividad que ocurre al margen de nuestra vida diaria o exclusivamente en
contextos educativos de carácter formal. Hoy ya «hemos pasado de detener la
vida cuando aprendemos (ir a la escuela durante dos a cuatro años, sin trabajar...),
a aprender en sincronía con la vida» (Siemens, 2006:47).
Por todo ello, aprender en la actualidad significa saber tomar decisiones,
puesto que nos hallamos ante una realidad de cambio constante, y «aunque exista
una respuesta correcta ahora, puede estar equivocada mañana (…), por lo que
saber dónde y saber quién, son más importantes hoy en día que saber qué y cómo»
(Siemens, 2006:31). En el aprendizaje en red, el conocimiento se crea y
configura gracias a la actividad combinada que se da entre las personas.
Conocer en la actualidad significa estar conectado, en constante dinamismo.
El problema aquí reside en la abundancia informativa que existe en el
espacio virtual, de ahí la necesidad de construir una red de fuentes de
aprendizaje (Entornos Personales de Aprendizaje-PLE), de los cuales podamos
entrar y salir en cualquier momento. El conocimiento es abundante y en apenas
una generación hemos pasado de entenderlo como un criterio de valor, a
considerar la capacidad de gestionarlo como el verdadero criterio de valor.
Por todo ello, es importante tener en cuenta que el conocimiento debe
compartirse en un entorno o ecología adecuada que posibiliten el conocimiento
conectado: escuelas, clases, espacios virtuales, museos, parques, etc. Espacios
que permitan conversar, organizar encuentros, poner ideas en común y dialogar.
Estructuras (sistemas de clasificación, jerarquías, bibliotecas, etc.) que
proporcionen y ayuden en el proceso y la toma de decisiones; entornos
informales, no estructurados, flexibles, ricos en herramientas de comunicación,
constantes en el tiempo, seguros para que exista confianza y comodidad,
simples, descentralizados, conectados y en los que exista una alta tolerancia a
la experimentación y el error.
Ser competente
digital
Tal y como vamos señalando, la Era Digital ha deparado que la manera de
aprender y enseñar haya sufrido un cambio radical, lo que ha provocado que la
concepción de una educación-producto haya pasado a transformarse en una
educación basada en el caos, el cambio y la inestabilidad. Educación líquida es
la expresión escogida por el sociólogo Zygmunt Bauman para definir una
educación que parece que ha abandonado la noción del conocimiento útil para
toda la vida para sustituirla por un conocimiento de usar y tirar: un
torbellino de cambio, donde el conocimiento parece mucho más atractivo cuando
se adapta al uso instantáneo, para una sola ocasión (Bauman, 2007). Por ende,
los docentes deben considerar estas nuevas variables y adaptarse.
Nos encontramos ante un momento de innovación en los pilares fundamentales
del actual sistema educativo. Un cambio que debe tener en cuenta no solo los
rasgos propios de una sociedad que se articula en red y las características
intrínsecas de los nativos digitales, sino que también debe considerar las
exigencias del mercado laboral. En última instancia, la finalidad del
profesorado es preparar al alumnado para la vida, una vida digital. Hasta el
momento esta adecuación se ha materializado en la creación de nuevas
competencias básicas ligadas, como es lógico, a las TIC y la noción del
aprendizaje a lo largo de la vida; competencias que hoy están en vigor y que
han sustituido a los ya antiguos objetivos como indicadores de evaluación.
Las competencias son fruto de unos acuerdos que se alcanzaron en la Unión
Europea previa celebración de la reunión del Consejo Europeo de Lisboa en marzo
de 2000. Se estableció entonces que todo ciudadano debe poseer los
conocimientos necesarios para trabajar y vivir en la nueva sociedad de la
información. A partir de aquí se puso en marcha el proyecto de la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) Definición y Selección de
Competencias: Bases teóricas y conceptuales (DeSeCo, 2002), en el que se
definió el concepto de competencia como la capacidad de responder a demandas
complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Esto supone
adquirir una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación,
valores éticos, actitudes, emociones y otros componentes sociales y de
comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz.
Tras la propuesta de recomendación realizada por la Unión Europea (2006),
esta definición fue modificada, adoptándose como definición de competencia la
«combinación de conocimientos, capacidades y actitudes adecuadas al contexto.
Las competencias clave son aquellas que todas las personas precisan para su
realización y desarrollo personales, así como para la ciudadanía activa, la
inclusión social y el empleo» (Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión
Europea, 2006:13).
Así pues, tras el consenso en la definición, se ponen de manifiesto las
ocho competencias1 que paulatinamente son asumidas por los diferentes Estados,
y entre las que se encuentra la Competencia Digital. Esta competencia no solo
afecta al alumnado, sino también al docente y a la ciudadanía en su conjunto.
Por lo tanto, ¿qué significa ser competente digital?
Para su definición, tomamos como referencia el proyecto europeo DIGCOMP: A
Framework for Developing and Understanding Digital Competence in Europe (2013).
Una iniciativa desarrollada por el Institute for Prospective Technological
Studies, que actuaría hoy como el marco europeo de competencias digitales que
está orientado a la identificación y validación, a escala europea, de los
componentes clave de la competencia digital, esto es, identificar los
conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para ser digitalmente
competente.
Según el informe
ser competente digital significa adoptar estas 5 dimensiones:
1. Información: identificar, localizar, recuperar, almacenar, organizar y
analizar la información digital, evaluando su finalidad y relevancia.
2. Comunicación: comunicar en entornos digitales, compartir recursos a
través de herramientas en línea, conectar y colaborar con otros a través de
herramientas digitales, interactuar y participar en comunidades y redes;
conciencia intercultural.
3. Creación de contenido: crear y editar contenidos nuevos (textos,
imágenes, videos…), integrar y reelaborar conocimientos y contenidos previos,
realizar producciones artísticas, contenidos multimedia y programación
informática, saber aplicar los derechos de propiedad intelectual y las
licencias de uso.
4. Seguridad: protección personal, protección de datos, protección de la
identidad digital, uso de seguridad, uso seguro y sostenible.
5. Resolución de problemas: identificar necesidades y recursos digitales,
tomar decisiones a la hora de elegir la herramienta digital apropiada, acorde a
la finalidad o necesidad, resolver problemas conceptuales a través de medios
digitales, resolver problemas técnicos, uso creativo de la tecnología,
actualizar la competencia propia y la de otros.
Estas cinco áreas competenciales, distribuidas en tres niveles (básico,
intermedio y avanzado), constituyen la base del Marco Común de Competencia
Digital Docente2 (2014) elaborado por el Instituto Nacional de Tecnologías
Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF). Ahora bien, sería ingenuo
pensar que basta con asegurar la competencia digital de los docentes para
adecuar la educación a los retos de la Era Digital. Esto supone, desde luego,
un paso inaplazable, pero no suficiente. Al fin y al cabo, el docente debe
ayudar a sus alumnos a que también desarrollen un alto grado de competencia
digital. Entre tanto, es necesario también definir el perfil que debe adoptar
el profesorado en el marco de esta nueva realidad. Y con más motivo aun cuando
está demostrado que la formación del profesorado es un factor clave en el
proceso de cambio (McKinsey y Company, 2007). De ahí la relevancia de
reflexionar sobre la redefinición de la figura docente. Y reflexionar sobre la
siguiente cuestión: ¿debe de adoptar el profesorado competencias digitales o
hay que repensar la competencia docente en un mundo digitalizado?
El rol del
docente en la Era Digital
En la Era Digital la manera de aprender ha cambiado y, por ende, la forma
de enseñar debe adaptarse. Lo que significa que tanto la figura del docente
como las metodologías de enseñanza han de adecuarse a la manera de concebir el
conocimiento que se acaba de exponer. El profesorado es testigo directo de los
cambios y las características propias de la actual generación de jóvenes
nativos interactivos que demandan una educación acorde a sus necesidades.
Son muchos los docentes que, por iniciativa propia, han decidido renovarse
con el objetivo de seguir preparando al alumnado para el mundo que les toca;
sin embargo, son también muchas las reacciones contrarias que han provocado que
exista un rechazo ante estos cambios motivados por la tecnologización de la
vida y las escuelas. Existe un cierto temor ante el uso de las TIC e Internet y
sus consecuencias. Además, los medios de comunicación no han contribuido a
proyectar las ventajas de la red, por lo que, de entrada, parece haberse
instalado una sensación de inseguridad que ha repercutido en el ámbito
educativo formal. En palabras de John Hartley, pionero de los estudios
culturales en Inglaterra:
Mayoritariamente los sistemas educativos han respondido a la Era Digital prohibiendo
el acceso escolar a entornos digitales como YouTube (…) estableciendo ‘cercas’
o muros bajo estricto control docente. De esto, los chicos aprenden que la
prioridad fundamental de la educación formal no es volverlos competentes
digitalmente sino ‘protegerlos’ del contenido inapropiado y de depredadores
virtuales (Hartley, 2009:130) .
Por lo tanto, ¿cómo debe actuar el docente ante este cambio? ¿Cuál debe ser
su rol, exactamente? Las nuevas maneras de aprender, ¿le dejan al margen del
proceso de enseñanza?
Los denominadores más comunes que se atribuyen al nuevo rol del docente de
la era 2.0 son: organizador, guía, generador, acompañante, coacher, gestor del
aprendizaje, orientador, facilitador, tutor, dinamizador o asesor. Estos nuevos
roles se asientan en la idea de cambiar la transmisión unidireccional del
conocimiento por el intercambio horizontal de información, abundante, caótico y
desestructurado. Hoy ya el modelo educativo centrado en el profesor como
transmisor de conocimientos estandarizados a una masa de estudiantes (un modelo
análogo al de los medios de comunicación de masas ) deja de tener sentido
(Tapscott, 2009). Los docentes se enfrentan al reto de adquirir unas
competencias que les formen para poder ayudar al alumnado a desarrollar las
competencias que necesitan: conocimientos, habilidades y actitudes precisas
para alcanzar los objetivos que se exigen desde el propio currículo formal
(competencia digital y aprender a aprender, entre otras) para lograr adaptarse
a las exigencias del mercado laboral, y aún más importante si cabe, para poder
descubrir sus verdaderas motivaciones, intereses e inquietudes.
En ningún caso el docente debe convertirse en un controlador o policía de
lo que hacen sus estudiantes en el aula. Su función es coordinar y facilitar el
aprendizaje y la mejora de la calidad de vida del alumnado. Si bien es cierto
que el aprendizaje debe ser experiencial y activo por parte de este, en todo
momento es preciso el complemento de un docente que le acompañe en su proceso
de aprendizaje. El conocimiento está en la red y es abundante, pero
precisamente esto es lo que hace necesario un buen número de tareas que debe
cumplir todo docente: detectar lo realmente importante, guiar los procesos de
búsqueda, analizar la información encontrada, seleccionar la que realmente se
necesita, interpretar los datos, sintetizar el contenido y difundirlo son
algunas de las tantas tareas que el profesor debe guiar.
Por otro lado, es cierto que la generación de jóvenes nativos interactivos
maneja con soltura la tecnología, pero en ningún momento ello indica que estos
hagan un uso correcto, útil y beneficioso para su desarrollo y aprendizaje
personal; y es aquí donde el docente del siglo xxi debe incidir. «La tarea de
cualquier formador es crear y fomentar una ecología de aprendizaje que permita
que los aprendices mejoren con rapidez y eficacia con respecto al aprendizaje
que ya tienen» (Siemens, 2010: IX).
En su propuesta de Pedagogía de la Coasoaciación , Marc Prensky propone
tres roles que considera que debe adquirir el profesorado en la era de la
educación digital: el rol de entrenador, el rol de guía y el rol de experto en
instrucción. El primero de los roles, entrenador , hace alusión a la acción
cargada de retroalimentación y motivación en la que, inevitablemente, como si
de un entrenador de tenis se tratase, se necesita la participación activa por
parte del alumnado. El autor argumenta que un entrenador apenas tiene que
ofrecer exposición teórica, sino más bien tiene que observar y acercarse a los
alumnos de una forma individual y personal, con la finalidad última de ayudar a
cada uno a encontrar y perseguir su propia pasión.
El rol de guía , más que motivar, tiene que adquirir el papel de ayudante
del alumno ya motivado: «[…] ser un guía, en mayor medida, requiere que los
alumnos acepten que necesitan uno […]» (Prensky, 2011:82). Como es lógico, el
rol del guía será más fácil si ambos se conocen y el docente entiende las
pasiones del alumnado, lo que ayudará a este a conocer en qué sentido hay que
guiar a cada alumno. En tercer lugar, el rol de experto en instrucción consiste
en que el docente aporte todo el conocimiento, imaginación y creatividad
posible para hacer el proceso de aprendizaje del alumno efectivo y atractivo.
Para lograrlo el experto debe convertirse en un auténtico diseñador de
originales experiencias de aprendizaje y, a su vez, debe practicar el arte de
realizar preguntas adecuadas que inciten a que los alumnos reflexionen y
reconsideren un punto de vista.
Por su parte, Harrison y Killion (2007) hacen referencia a 10 maneras a
través de las cuales el profesorado puede contribuir al éxito de sus escuelas:
1. Proveedor de recursos;
2. Especialista de instrucción;
3. Especialista curricular;
4. Apoyo en el aula;
5. Facilitador de aprendizaje;
6. Mentor;
7. Líder;
8. Entrenador de datos;
9. Catalizador del cambio; y
10. Aprendiz.
Sin duda, los autores muestran el rol de aprendiz como el más importante.
Los docentes deben de ser un ejemplo a seguir, un ejemplo de mejora continua y
de aprendizaje permanente.
Entre tanto, Bates (2015), en su último libro Teaching in a Digital Age ,
expone cómo el profesorado debe utilizar la tecnología disponible para mejorar
tanto su metodología de enseñanza como el aprendizaje de su alumnado. Es decir,
la tecnología ocupa un lugar central no solo en el uso de nuevas metodologías,
sino también en la readaptación del papel de los docentes en las aulas.
En definitiva, el docente de la Era Digital debe mantener una actitud de
indagación permanente, fomentar el aprendizaje de competencias (generar
entornos de aprendizaje), mantener una continuidad del trabajo individual al
trabajo en equipo (apostar por proyectos educativos integrados) y favorecer el
desarrollo de un espíritu ético. La tecnología y la información por sí solas no
guían ni ayudan ni aconsejan al alumnado; por ello, la labor del docente en la
educación digital es hoy más importante que nunca.
Por último, nos parece oportuno resaltar que estos roles no se centran
exclusivamente en ningún nivel educativo, si bien es cierto que los
conocimientos y las habilidades digitales variarán en función de la etapa
educativa en la que el docente desarrolle su labor. Sin duda, el contexto
marcará el rol que el docente debe adoptar en cada momento.
Conclusiones
Las tecnologías digitales y la democratización en el uso de Internet han
provocado que una gran parte de las actuaciones humanas se hayan visto, de una
u otra manera, digitalizadas. En este sentido, la red de redes también ha influido
en la manera de aprender y, por lo tanto, en la manera de enseñar (perfil
docente).
Los jóvenes nativos digitales deben recibir una educación acorde a sus
necesidades y, en un contexto desordenado, nebuloso, informal y caótico, se ha
convertido en necesario repensar la forma en que se diseña la enseñanza y se
transforma la arquitectura de los centros educativos en espacios abiertos y
transparentes, «que tengan más forma de sala de estar que de aula rancia con
sus pupitres» (Siemens, 2006: XIII).
El alumnado se ha desarrollado en un contexto digital por lo que el
profesorado debe adecuarse a su forma de actuar y de concebir el aprendizaje;
en este sentido, el docente también debe digitalizarse y ser competente
digital. Esta competencia ligada al uso de las tecnologías digitales no solo
implica ser una persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva al
seleccionar, tratar y utilizar la información y sus fuentes, así como las
distintas herramientas tecnológicas; sino que al mismo tiempo demanda tener una
actitud crítica y reflexiva en la valoración de la información disponible.
Los docentes, además de tener que adaptar las metodologías de enseñanza al
nuevo entorno, tienen ante sí el reto de adquirir conocimientos, habilidades y
actitudes digitales que motiven al alumnado a hacer un uso crítico de la
tecnología no solo en el aula, sino también en casa, en su vida social y en sus
entornos de ocio. Solo así estarán contribuyendo a construir una respuesta
colectiva e ilusionante a los retos que hoy plantea a la educación la Era
Digital. Así pues, los docentes, al igual que el alumnado, deben aprender a ser
competentes digitales, pero más importante aún: deben resignificar y adaptar su
competencia docente a un mundo digitalizado.
En síntesis, no basta con que el docente digital deba adquirir competencias
tecnológicas, sino que debe adaptar su rol. «La profesión docente se encuentra
en un tiempo de mudanza» (Area, 2016).
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